Tuesday, September 14, 2010

El comentario de texto de nada


Un trozo de Nada
por Carmen Laforet
(Barcelona: Destino, 2007)
págs. 24-25


TROZO
      La habitación con la luz del día había perdido su horror, pero no su desarreglo espantoso, su absoluto abandono. Los retratos de los abuelos colgaban torcidos y sin marco de una pared empapelada de oscuro con manchas de humedad, y un rayo de sol subía hasta ellos.
       Me complací en pensar en que los dos estaban muertos hacía años. Me complací en pensar que nada tenía que ver la joven del velo de tul con la pequeña momia irreconocible que me había abierto la puerta. La verdad era, sin embargo, que ella vivía, aunque fuera lamentable, entre la cargazón de trastos inútiles que con el tiempo se habían ido acumulando en su casa.
      Tres años hacía que, al morir el abuelo, la familia había decidido quedarse sólo con la mitad del piso. Las viejas chucherías y los muebles sobrantes fueron una verdadera avalancha, que los trabajadores encargados de tapiar la puerta de comunicación amontonaron sin método unos sobre otros. Y ya se quedó la casa en el desorden provisional que ellos dejaron.
       Vi, sobre el sillón al que yo me había subido la noche antes, un gato despeluzado que lamía sus patas al sol. El bicho parecía ruinoso, como todo lo que le rodeaba. Me miró con sus grandes ojos al parecer dotados de individualidad propia; algo así como si fueran unos lentes verdes y brillantes colocados sobre el hociquillo y sobre los bigotes canosos. Él enarcó el lomo y se le marcó el espinazo en su flaquísimo cuerpo. No pude menos de pensar que tenía un singular aire de familia con los demás personajes de la casa; como ellos, presentaba un aspecto excéntrico y resultaba espiritualizado, como consumido por ayunos largos, por la falta de luz y quizá por las cavilaciones. Le sonreí y empecé a vestirme.
       Al abrir la puerta de mi cuarto me encontré en el sombrío y cargado recibidor hacia el que convergían casi todas las habitaciones de la casa. Enfrente aparecía el comedor, con un balcón abierto al sol. Tropecé, en mi camino hacia allí, con un hueso, pelado seguramente por el perro. No había nadie en aquella habitación, a excepción de un loro que rumiaba cosas suyas, casi riendo. Yo siempre creí que aquel animal estaba loco. En los momentos menos oportunos chillaba de un modo espeluznante. Había una mesa grande con un azucarero vacío abandonado encima. Sobre una silla, un muñeco de goma desteñido.
  Yo tenía hambre, pero no había nada comestible que no estuviera pintado en los abundantes bodegones que llenaban las paredes, y los estaba mirando, cuando me llamó la tía Angustias.

Asunto

La narradora observa el estado destartalado del parte del piso de la familia que unos abuelos habían ocupado antes de morir.  Al ver un retrato de una joven en su velo de matrimonio, la narradora explica que la mujer no siempre había vivido en medio de los recuerdos y otros varios objetos que los trabajadores habían apilado sin prestar atención tres años después de la muerte del abuelo cuando la familia decidió bloquear la parte del piso que él había ocupada.  Fuera de la habitación de los abuelos, hay un gato escuálido que guarda semejanza a la personalidad de los miembros de la familia.  La narradora nota que este gato se da cuenta del vacío de la casa.  Como la narradora camina hacia el comedor,  tropea con un hueso de un perro, sobresalta al oír los chillidos de un lobo, y tiene hambre.  Finalmente, al determinar que la única comida que hay está en los bodegones en las paredes, la narradora dice que sufre de angustia.

Apartados

Hay tres.

Apartado A – Una descripción de la habitación en que los abuelos vivían. (ll. 1-20)

Apartado B – Una comparación entre el gato, la familia de la narradora, y indirectamente, la habitación (ll. 21- 34)

Apartado C- Una descripción de los cuartos fuera de la habitación de los abuelos. (ll. 35-50)

Apartado A

El primer párrafo empieza con la personificación de la habitación en que vivían los abuelos de la narradora.  La narradora explica cómo la habitación “había perdido su horror, pero no su desarreglo espantoso, su absoluto abandono (ll.1-3).” Está descripción es amplificada con adjetivos muy fuertes como “espantoso” y “absoluto” (l. 3) que sirven para casi echar la culpa a la habitación por su estado actual de desorden.  Además, la narradora incorpora mucha imaginería sensorial como “horror,” “desarreglo” y “abandono” (ll. 2-3) que permite que el lector pueda imaginarse la pobre habitación.  Como la narradora describe la posición “torcid[a] y sin marco (l. 4)” de los retratos de los abuelos, los posibles habitantes pasados de la habitación, el papel de la habitación en este arreglo merece ser tomado en cuenta por el lector.  La oscuridad continúa con la descripción de la posición y la condición de los retratos de los abuelos en la pared.  Para aumentar la sospecha en cuenta a la habitación, la pared en que están los retratos es “de oscuro con manchas de humedad (ll.4-5).” El oscuro color y las “manchas de humedad (l. 5)” en la pared sugieren algo siniestro en esta personificación de la habitación.  Sin embargo, entre la fatalidad y la penumbra de la habitación, hay “un rayo de sol (l. 5)” que ofrece que la habitación no sea totalmente corrupta y sin vida.

Posiblemente este “rayo de sol (l. 5)” en la habitación es la narrador que perceptiblemente se queda abatida al ver el estado de la habitación en el segundo párrafo del apartado.  La narradora usa la primera persona para establecer alguna relación entre sí misma, los abuelos, y la habitación.  Ella dice, “Me complací en pensar en que los dos estaban muertos hacía años (ll. 7-8).” El uso del verbo “complacerse” parece sugerir que si los abuelos vieran la habitación, se les espantarían.  La narradora repite este uso de “complacerse” en describir que también “Me complací en pensar que nada tenía que ver la joven del velo de tul con la pequeña momia irreconocible que me había abierto la puerta (ll. 8-10).”  Otra vez, la narradora parece ser aliviada que los abuelos, y en particular, la abuela no esté vivía para ver la condición de la habitación.  Para continuar el aire de misterio, la narradora usa el vago lenguaje de “nada” para referir a lo que no afecta a “la joven del velo de tul (l. 9).”  Naturalmente, el lector asume que esta joven es la abuela, pero no está clara.  Tampoco está clara la identidad de “la pequeña momia irreconocible que me había abierto la puerta (ll. 9-10).” Lo que está claro es que la narradora quiere que el lector se compadezca de la recién casada en el retrato, porque explica que no tiene la culpa del estado de la habitación, porque “nada tenía que ver (l. 9)” con ella.  También, es necesario compadecerse de “la pequeña momia irreconocible (ll. 9-10) por la intencionada elección de adjetivos que sugieren la incapacidad y la fragilidad de esta mujer.  Finalmente, la narradora confirma la necesidad de compasión para la mujer cuando explica “que ella vivía, aunque fuera lamentable, entre la cargazón de trastos inútiles (ll. 11-12).”  Sin embargo, la narradora nunca le echa la culpa a la mujer del estado de la habitación.  En cambio, la habitación otra vez personificada tienen la culpa, porque los “trastos inútiles […] con el tiempo se habían ido acumulando en su casa (ll. 12-13)” después de la muerte. 

En el tercer párrafo, la narradora intenta echarle la culpa del estado de la habitación no a la habitación sino a la familia de los abuelos que tapia la habitación de los abuelos después de la muerte.  Ella explica que “al morir el abuelo, la familia había decidido quedarse sólo con la mitad del piso (ll.15-15).  Posiblemente, la vista de las posesiones sin tocar y la habitación vacía sean más que la familia puede aguantar.  También, culpa a “los trabajadores encargados de tapiar la puerta de comunicación (ll. 17-18)” de la “verdadera avalancha (l. 17)” de las posesiones de los abuelos.  Los trabajadores no saben nada de las personas que usaban los muebles en la habitación, porque si supieran, no los corrían así.   Este cambio en culpa es súbito después de los primeros dos párrafos.  Invita el pensamiento de lector en cuenta a la relación entre la narradora y los abuelos y la personificación de la habitación por la narradora .

Apartado B
Hay un gato similar en aspecto a la habitación escasa y a “la pequeña momia irreconocible (ll. 9-10)” que una vez abría la puerta de la habitación.  Este gato es “despeluzado (l. 22),” “ruinoso (l.23),” y “flaquísimo (l. 29).  Mientras el gato provoca semejanzas a lo negativo, la narradora también lo asocia con lo positiva.  Ella sonreí al gato al observar que el gato tiene “un singular aire de familia con los demás personajes de la casa (ll. 30-31)” que es “excéntrico y resultaba espiritualizado, como consumido por ayunos largos, por la falta de la luz y quizá por las cavilaciones (31-33).”   Es posible que la narradora no sólo sonría a la relación del gato y su familia sino a la relación entre él y sí misma: los dos quieren la luz, la luz de la vida de otros humanos. 

Apartado C
El primer párrafo del apartado C tiene una organización espacial que permite la descripción de la casa fuera de la habitación como la narradora camina hacia el comedor.  La oscuridad de la habitación está presente “en el sombrío y cargado recibidor (ll. 35-36).”  Además, como “la luz del día (l. 1)” se libra la habitación de los abuelos, el comedor tiene “un balcón abierto al sol (l. 38) también.  Parece ser algo ligero y bueno en los dos cuartos de la casa.  Posiblemente, este “algo” sea la esperanza de compañía.  A punto de respirar al ver la luz, la ansiedad crece como la narradora acera al comedor.  Ella describe, “Tropecé, en mi camino allí, con un hueso, pelado seguramente por el perro (ll. 39-40).”  El hueso es un objeto interesante entre la oscuridad.  Puede ser un símbolo por un inminente vació que la muerte haya creado a través de la muerte de los abuelos.  La narradora parece cuestionar la presencia del hueso cuando aclara que “No había nadie en aquella habitación (ll. 40-41).”  El lector quiere saber si ella sospecha que alguien lo puso a propósito como un aviso del poder de la muerte—que sólo deja los huesos.  La narradora es también sospechosa de un loro “loco (l. 43)” que “casi reí (l. 42)” y “chilaba de un modo espeluznante (l. 44),” posiblemente al momento durante el cual la narradora olvidó temporalmente que no hay nadie en el comedor.  También, refiere al loro como “aquel animal (l. 42).”   El loro es como el padre de muerte, placiendo en la seguridad de la muerte y la solidaridad que crea en los sobrevivientes.

El apartado termina con la llega al comedor, en el cual hay más ilustraciones del vacío que son similares de las de la habitación de los abuelos como “un azucarero vacío abandonado encima (l. 45)” y “un muñeco de goma desteñido (l. 46).” Entre este vacío, la narradora explica que tiene hambre.  Mientras ella sigue describiendo que “no había nada comestible que no estuviera pintado (ll. 47-48),” el lector no sabe si el hambre es un verdadera hambre o un metafórica hambre.  Como piensa en la comida, ella dice que “me llamó la tía angustias (l. 50).”  ¿Es esta angustia una del estómago vacío o del perdido de los abuelos? 

Tema

Las posesiones materiales no ni les hacen realizado ni les proveen compañía a los seres humanos.

Conclusión

El trozo describe las secuelas de la muerte.  Los parientes de los que mueren se quedan con los hogares llenos de todos los muebles y objetos de interés.  Desafortunadamente, las posesiones no son sucedáneas por las personas amadas.   La narradora y el gato tienen una abundancia de cosas  pero se sienten muy solos.  Con el uso de imaginería muy oscura y vacía para describir el estado del hogar, el trozo ilustra el impacto que la muerte tiene en los sobrevivientes a través de la reacción de la narradora y del gato a estado.  Enfatiza que la compañía, o la luz que los seres humanos brillan, es lo que hace una vida completa.


10 comments:

  1. Amanda, tengo el mismo problema que tu tienes. A mí me parecían cuatro pero estoy casi convencido de que son tres... Veremos que es lo que dice la profe y los demás compañeros

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  2. Yo creo que hay tres --
    A, los primeros 3 párrafos -- el cuarto en que había dormido;
    B, el párrafo del gato;
    C, el resto -- sale a otras partes de la casa, el recibidor y el comedor...
    Cuidado con su asunto -- parece que no solo cuenta lo que hay sino que opina un poco...
    Dr. B-G

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  3. ah vale. Primero, he pensado que había cuatro. Sin embargo, buen trabajo Amanda.

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  4. Gracías, Doctura, por su ayuda. Tenía miedo que estaba añadando mi analisis al asunto. Voy a corregirlo un poco antes del jueves.

    Gracias a Fabiano y a Brittany por sus comentarios también. :)

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  5. ¡Gracias Amanda!
    Am mí me gustó la parte en que comparas a la narradora como si fuera ella el rayo de sol en la habitación. Es una buena observación que no se me había ocurrido.

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  6. A ya... escribí mi comentario completo sin saber que solo hay tres apartados. ¿Es posible tener cuatro? Me gustan sus observaciónes acerca del loro. Buen trabajo.

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  7. Amanda: me gusta su comentario porque has analizado muchos detalles del trozo de una manera muy concisa. Apoyabas todos sus commentos con las palabras claves. Bien hecho.--D2

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  8. Hola amiga,

    Creo que hiciste un trabajo muy cuidadoso...me gustó la énfasis que diste a las imágenes del vacío y de la oscuridad. Es verdad que nos da una impresión muy melancólica. Bien hecho.

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  9. ¡Hola Amanda! Muy bien hecho. Me gusta lo que escribiste sobre el sol en el primer apartado. A mí me parece también que el sol tiene mucho simbolismo. También creo que es muy interestane lo que escribiste acerca de la relación entre el gato y la narradora.

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  10. Hola Amanda,
    perdone que le ponga este comentario tan tarde... su comentario tiene varios problemas, pero el más importante es que usted ha entendido mal o no ha entendido partes del trozo, como por ejemplo que "Angustias" se escribe con mayúscula y es un nombre propio, el nombre de la tía de Andrea (aun si no se acordara de eso por haber el resto del libro, tenemos esa "A.").
    Otro problema es que a veces usted parece darle rienda suelta a su imaginación y dice cosas que no hay en el texto. Acuérdese, que todo lo que dice lo tiene que probar por las PALABRAS que realmente están en el trozo, y sólo el trozo -- a menos que nos indique algo concreto que sabe por el resto del libro, porque yo dije que ibamos a admitir eso, pero por ejemplo cando usted dice que la luz más o menos significa la compañía de otros seres humanos, realmente no establece por qué usted piensa eso concretamente al leer el texto.
    Dr. B-G

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