Trozo 1 – Cap. 2, casi la cuarta página
La habitación con la luz del día había perdido su horror, pero no su desarreglo espantoso, su absoluto abandono. Los retratos de los abuelos colgaban torcidos y sin marco de una pared empapelada de oscuro con manchas de humedad, y un rayo de sol subía hasta ellos.
Me complací en pensar en que los dos estaban muertos hacía años. Me complací en pensar que nada tenía que ver la joven del velo de tul con la pequeña momia irreconocible que me había abierto la puerta. La verdad era, sin embargo, que ella vivía, aunque fuera lamentable, entre la cargazón de trastos inútiles que con el tiempo se habían ido acumulando en su casa.
Trozo 2 — Cap. 4, casi la mitad de la tercera página, es diálogo
GLORIA. —¿Tú sabías que Juan quiso ser militar y, como le suspendieron en ingreso de la Academia, se marchó a África, al Tercio, y estuvo allí muchos años?
ABUELA. –Cuando volvió trajo muchos cuadros de allí… Tu abuelo se enfadó cuando dijo que se quería dedicar a la pintura, pero yo le defendí y Román también, porque entonces, hija mía, Román era bueno…Yo siempre he defendido a mis hijos, he querido ocultar sus picardías y sus diabluras. Tu abuelo se enfadaba conmigo, pero yo no podía soportar que los riñesen…Pensaba: <<Más moscas se cogen con una cucharada de miel>>… Yo sabía que salían por las noches de juerga, que no estudiaban…
el mismo cap., casi cinco páginas después, es diálogo
GLORIA. [… ]Román era muy distinto conmigo. Muy amable, chica. Afinó un piano y tocaba cosas, como hace ahora para ti. Y además, me pidió que me dejara pintar desnuda, como ahora hace Juan… Es que yo tengo un cuerpo muy bonito.
ABUELA. --¡Niña! ¿Qué estás diciendo? Esta picarona inventa muchas cosas… No hagas caso…
GLORIA.—Es verdad. Y yo no quise, mamá, porque usted sabe muy bien que aunque Román ha dicho tantas cosas de mí, yo soy una chica muy decente…
ABUELA—Claro, hijita, claro… Tu marido hace mal en pintarte así, si el pobre Juan tuviera dinero para modelos, no le haría.. Ya sé, hija mía que haces ese sacrificio por él, por eso, yo te quiero tanto.
Entre visillos por Carmen Martín Gaite (Barcelona: Destino, 2007)– Cap. 4, casi la cuarta página
—No cabe duda de que usted es el del retrato—dijo sacando una voz lenta, pero decidida y volviendo a mirarme—. ¿Cómo es posible que venga precisamente hoy?
—¿Qué retrato?—me atreví a preguntar.
—Un retrato que tiene mi padre hecho en Suiza el año pasado con un grupo de gente, cuando el Congreso de Mineralogía.
—Esperó, y yo asentí con la cabeza. Se acercó un poco. Cada paso, cada movimiento suyo me parecía que eran los que tenía que hacer, como si todo estuviese calculado.
—Esa fotografía hace tiempo que no la veía y anoche me desperté y la estuve buscando. Por una serie de razones que no puedo explicarle ahora, sentía mucha angustia y me llevé la fotografía a la cama para mirarla. Usted está al lado de mi padre. Nunca hasta ayer me había fijado, ni él me había hablado de usted, pero no sé; por un cierto gesto que él tiene allí, los dos juntos, me pareció que habrían sido amigos en ese viaje y me puse a imaginar el tipo de amistad que podría haber sido. Es rarísimo, pero me pasó así como se lo cuento. Me pareció que él vivía y que éramos amigos los tres. No pude dormir. Me moría encerrada en mi cuarto.
Los hijos muertos por Ana María Matute (Barcelona: Plaza & Janés, 1999)—Cap. 2, casi la tercera página como Daniel llega a la Encrucijada
Algo pasó. Se llevó a Verónica. Ella no comprendía. Nadie le explicaba nunca nada. <<Yo vi un retrato de Verónica. Dice Isabel que me parezco a ella. Pero no es verdad; ella era muy guapa. Isabel tiene el retrato de Verónica escondido entre sus secretos. Los secretos apolillados de Isabel. Todo lo suyo parece lleno de polvo.>> Volvió a sentir aquel temor confuso, diluido. <<Cosas perdidas. >> Era un miedo pequeño, frío. Como cuando, de niña, veía a fumar los murciélagos. <<Aquellos horribles murciélagos crucificados que tenían los ojos redondos y me miraban. Goyo dice que no ven. Pero me miraban. Aún me acuerdo del chisporroteo que hacía el fuego de la collía aplastándose contra sus ojos. Me miraban. >>
Este trozo de Los hijos muertos me impactó muchisimo. Muestra el suspenso y la situación horrible de esta familia.
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